Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y S. Alfonso (Parroquia de Tapes)

C/ Tapes 966 esq. Jujuy y S. Juan. C.P. 11800. Barrio Bella Vista. Arquidiócesis de Montevideo - Uruguay. Tel. 20235025. Por consultas escribir al correo: comunidadtapes@gmail.com

domingo, 5 de diciembre de 2010

Con María y con José esperamos al Niño





Cuando decimos que adviento significa espera, todos entendemos que estamos hablando de una espera activa. Una espera que nos pone en movimiento desde lo mas profundo de nuestra existencia. El Esperado es quien dijo de sí mismo: "Yo soy... la Vida". Es así que nuestra vida se inquieta positivamente en la espera del que da sentido a nuestro vivir. Las Sagradas Escrituras tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento nos presentan una lista interesante de modelos de espera. Ejemplos que nos sacuden y estimulan a despertarnos de un cristianismo soñoliento. Ellos lo esperaron, lo anunciaron y se prepararon para recibirlo. Son tan variadas como riquísimas las actitudes que podemos contemplar en estos grandes modelos de esperanza, pero vamos a limitarnos a dos de ellos: Santa María y San José. En María y José contemplamos la ternura de la espera. Ternura que está relacionada al don de la paternidad confiada a ellos por parte de Dios Padre. La ternura de María y José se hizo contemplación del misterio en la noche de Navidad. Ambos estaban sensibilizados por la espera. Podemos imaginar los sentimientos que albergaban sus corazones en el camino hacia Belén. No habría en ellos otra preocupación ni interés que el hacerle espacio, buscarle un sitio. Ya ambos en la Anunciación dieron el sí de la aceptación a la voluntad divina. El ángel del Señor ya les había comunicado el deseo de Dios, su plan, su proyecto de amor para con los hombre. Ya ellos, María y José, habían respondido abrazando el querer de Dios. Pero comenzaron, necesariamente, a seguir todo un itinerario espiritual. En la vida de los místicos no es nada eztraño encontrarnos con lo que podríamos llamar una "geografía espiritual". Es así que se nos presenta ante nuestros ojos realidades como el desierto, el monte, el abismo, la cueva, el río, el vergel. María y José viven su itinerario de geografía espiritual que los condujo de Nazaret hasta la cueva de Belén. Pero el camino no se detuvo en la gruta, despuès los esperaba el desierto de Egipto con sus peligros y dificultades. La cueva o gruta es símbolo de la interioridad. Interioridad vivida en el silencio de la noche santa. La cueva evoca de alguna manera el seno materno como ese tiempo en el que la vida es mas fragil y necesita ser rodeada y protegida. Allí en la cueva los dos contemplaron el misterio de Dios hecho Hombre. Del Todopoderoso necesitado del cuidado de las creaturas. Vivieron una contemplación que los mancomunó casi en una misma mirada de amor. Es la humanidad que en ellos representada queda extasiada ante el Verbo hecho carne. Dios-ternura. El adviento mira hacia la Navidad y ésta se entiende en relación a la Pascua. Jesús vivo para salvarnos. El pesebre no se comprende sin la cruz, ni la cruz sin el sepulcro vacío. El Salvador viene. Que la Virgen María y el casto San José nos regalen su mirada, nos enseñen el valor contemplativo de su silencio, para que la Palabra resuene fuerte sin más ruidos que el dulce sonido del amor de Dios por nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario